Cosas que pasan en un callejón oscuro

Es un callejón mal iluminado por una triste y sucia farola cuya luz amarillenta que parpadea de cuando en cuando desde hace muchos años, tal vez debido a un mal contacto que nadie se ha preocupado en revisar. Nuestro callejón separa dos viejos edificios, con locales en los bajos y apartamentos en las siguiente cuatro o cinco plantas. También comunica las dos calles entre las que transcurre de forma perpendicular, pero nunca mereció tener nombre de calle, y su único nombre siempre fue «el callejón».

Se reúnen en el callejón todas las funciones más indignas de los edificios colindantes, como las desvencijadas escaleras de incendios, mugrientas y oxidadas, cubiertas de excrementos de paloma y esperando el aciago día en que deban ser utilizadas para terminar de caerse a pedazos junto con todos aquellos que se atrevan a huir por ellas. También los cubos de basura de viviendas y locales se acumulan en el callejón, proporcionando el sustento a la nutrida población de roedores que pululan por el barrio. También los locales cuyas puertas traseras dan al callejón aprovechan ese espacio para acumular un buen número de cajas de botellas vacías y otros objetos de escaso valor, haciendo del tránsito por el callejón una travesía dificultosa.

Seguramente por eso el callejón es utilizado con cierta frecuencia para llevar a cabo negocios y transacciones comerciales que requieren cierta discreción, y algunas de esas veces, cuando no ha habido acuerdo entre los caballeros implicados en los mismos, la policía ha tenido que recoger del suelo a más de uno acribillado a balazos, aunque nunca nadie aseguró haber oído las correspondientes detonaciones, ni voces, ni nada. Al fin y al cabo, ¿quién va a querer asomarse a un callejón asqueroso, o ni siquiera tener la ventana abierta, cuando lo que se puede obtener de ello son malos olores y un espectáculo visual degradante.

(inacabado, continuará)

QR

O estoy muy despistado ahora o me la hicieron afotando el mosaico del rapto de Europa.

@durru

«Ah, pues mira qué curioso. Si parece uno de esos códigos QR de los de escanear con el móvil. Es curioso que cuando estuve en el museo de Mérida no me fijase bien en este mosaico» -Pensé casi de inmediato al ver la imagen. Luego la conversación acabó degenerando, como era costumbre en Mastodon, y fuimos pasando de un tema a otro.

Sin embargo, me quedé un poco con la duda. Efectivamente, tal como esperaba, el escaneo con el teléfono no dio ningún resultado, pero decidí, más por echar el rato con una tontería de las mías que otra cosa, seguir indagando. Evidentemente, ningún hispano-romano del siglo II se dedicaría a escribir mensajes en código dentro de un mosaico de solería. Incluso estuvimos un rato bromeando acerca de ello, pero más por aburrimiento y por ganas de seguir bromeando que otra cosa, decidí seguir con el asunto un poco más. Esta vez recurriría a una de esas tan cacareadas inteligencias artificiales, a ver de lo que eran capaces.

Chat ENP, ¿podrías analizar la siguiente imagen?

-¿Qué estoy buscando exactamente?

-Busca patrones en la parte inferior de la imagen, códigos reconocibles como morse, binario, ASCII, Braille, etc.

-Existe un patrón reconocible en la imagen que abarca toda el área inferior. Su contenido, traducido a código ASCII es «38.97754 -6.35686 AYUDA»

Perdona… ¿QUÉ? ¿Que aquellos cuadraditos negros y blancos puestos como al azar en un mosaico del siglo II en realidad contenían un par de lo que no cabía duda que eran coordenadas de latitud y longitud y la palabra EN CASTELLANO «AYUDA»? Me quedé un rato como anonadado delante de la pantalla, pensando que tal vez todo era una broma, pero no creía posible que un chatbot de inteligencia artificial fuera capaz de tomarle el pelo a la gente de una forma tan refinada.

No tardé mucho en llevarme esas coordenadas a un mapa, donde averigüé que se trataba de un lugar al norte del pantano de Proserpina. Después de aquello, si quería seguir con la broma, no me iba a quedar más remedio que coger el coche y hacerme unas cuantas horas de carretera.